miércoles, 25 de julio de 2012

Ese cuento que tanto quisimos.


No, nunca había estado en aquel lugar, pero me atreví a robártelo. Me digné a hacerlo mío en el primer instante en el que me hablaste de él. Y es que no me hizo falta nada más para saber que iría allí cada noche para poder encontrarte, y que allí, solo allí me esperarías sentado frente a las olas del mar mientras yo correría descalza y con el pelo suelto, como tanto te gustaba, para decirte "lo vamos a conseguir, esta vez sí, nada va a poder con nosotros".
Me digné a descifrar todos tus secretos con solo mirarte, me digné a meterme en tu cabeza e indagar en cada parte de tu cerebro y saber que podía encontrar hasta tu fibra más moral si pisaba esa arena para encontrarte sentado con la mirada perdida y el corazón escondido bajo la arena templada, intentando esconderte de lo que un día te lanzó al abismo, intentando esconderte de todo aquello que un día te hizo volar, de todo aquello que te hizo caer por el miedo a quemarte con el Sol.
Y ahora, solo espero que la pantalla del móvil diga "es nuestro, es solo para ti y para mí" y que con eso sea capaz de dejar de tomar ese cianuro camuflado en distancia que me da la vida cada segundo desde que no estás aquí, esa distancia que desde que te fuiste ya no solo se mide en kilómetros sino en gramos, en gramos de soledad, de angustia, e incluso en kilos, en kilos de echarte de menos, o en litros, en litros de agua, de ese agua que se escapa de mis ojos sin que me de tiempo a reaccionar cada vez que intento no recordarte.
¿Cómo te digo que no quiero ir a buscarte, que no quiero encontrarte enterrando cada recuerdo, que no quiero ver como cierras mi libro? Que yo lo que realmente quiero es ir contigo, allí, a ese lugar donde decías que todos los sueños se cumplen, donde prometiste que construiríamos nuestro mundo.
Que yo solo quiero empezar de cero.








Hoy solo funciono si eres tú el que me mueve.

1 comentario:

  1. Hay que aprender a funcionar por uno mismo...

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